Ramón Bolaños, el gaditano que hace las mejores sillas de montar

Publicado por: Irene Asirtec In: Root Comentarios: 0 Hit: 964
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Bolaños en su taller, tras una retranca calesera. A la izqda., las lomeras. Detrás, en los estantes, los collares de los caballos. Luis de las Alas

Desde el taller de Ramón Bolaños, en Rota, salen hacia tres continentes algunas de las mejores sillas de montar del mundo. Cada una lleva 120 horas de labor a mano.

Ramón Bolaños (Rota, 21 de marzo de 1956) tiene dibujados en sus manos los 35 años que lleva trabajando el cuero. Autodidacta, ha ido creciendo hasta conseguir con sus trabajos la excelencia. De su taller de Rota hoy salen sillas de montar únicas rumbo a tres continentes. "Empecé trabajando el cuero en un taller con unos amigos", cuenta evocando sus años de adolescencia y primera juventud. "Éramos los hippies de los 60 y hacíamos sandalias, bolsos, pulseras, sombreros... Estaba estudiando y los veranos me iba con ellos. Mi maestro fue un australiano que conocí aquí, en Rota. Trabajaba mucho para los americanos. Yo tenía 17 años entonces".

Un lustro después, con 22 años, conoció a un artesano ya mayor que hacía sillas de montar. "Había dejado este oficio porque entonces esto no daba dinero, y se dedicaba a la tapicería", relata. "Me enseñó a coser el cuero a mano, con la tablilla. Pero hasta ahí llegaron sus enseñanzas; lo demás lo aprendí solo. Cogía una silla vieja, la desmontaba y elaboraba una nueva, investigando". Apasionado del caballo, terminó decantándose por la guarnicionería. Con 24 años decidió montar su propio taller y hacer de este arte su modo de vida.

Sus primeros clientes eran gentes de Rota, amigos y vecinos. Su fama corría de boca en boca, y pronto llegó a poblaciones cercanas de la provincia de Cádiz: Sanlúcar de Barrameda, El Puerto de Santa María... "Cuanto más aprendía más se agrandaba la clientela. Traía los materiales de Barcelona, de Madrid...", prosigue. El negocio fue creciendo. Sus sillas se dieron a conocer y saltaron al resto de España y del mundo. En los últimos años las ventas han caído un poco, pero la primera década del siglo XXI, entre 2000 y 2010, fue un periodo brillante. "Tuvimos un volumen de trabajo impresionante, llegamos a ser cinco en el taller [hoy son dos, él y José Manuel Pérez Muñiz, 35 años y al lado de Bolaños "desde que era chiquitillo", como recalca el propio José Manuel con delicioso acento andaluz]. La lista de espera para nuestros artículos era de hasta cuatro años y casi un 50% de la producción la vendíamos fuera", evoca el guarnicionero gaditano.

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Ramón Bolaños, el maestro de la silla

Puntada a puntada

Narra su vida profesional como si fuera una novela, pausado, recreándose en los recuerdos. Con la misma parsimonia y cuidado por el detalle con que se afana con leznas, punzones, uñetas, medias lunas, corbillos, chiflas y otras herramientas para señalar, cortar, rebajar o grabar el cuero. Todo tiene su sitio en este pequeño taller donde el orden es el dueño de cada rincón. Invierte 10 días de su vida a 12 horas diarias en hacer cada montura, todo trabajado a mano, puntada por puntada. Por cada una cobra 1.800 euros por término medio, de los que le quedan, netos, unos 500 euros. Gasta mucho material e invierte todo el tiempo que sea necesario. "Tengo un sueldo normal. No llego a 2.000 euros al mes; soy poco más que mileurista", comenta riendo.

Ramon Bolaños con 24 años decidió montar su propio taller de sillas de montar y hacer de este arte su modo de vida. Luis de las Alas

Bolaños trabaja prácticamente todas las clases de silla de montar que existen. "Menos la inglesa [más pequeña, utilizada en competiciones de doma y salto], que no nos la demandan, hacemos todo tipo de monturas. La que más me piden es la vaquera [la que abarca mayor superficie sobre el dorso del caballo, de manera que reparte el peso del jinete sobre más puntos], muy apropiada para pasar horas y horas montando. Últimamente se quieren lisas en colores avellana, cuero y negro. También nos encargan la montura española. Y aunque la portuguesa tiene menos demanda, a los italianos les gusta. Frente a productos de países como China, India o Pakistán y que se deterioran mucho antes, nosotros ofrecemos calidad, artesanía. Nuestros trabajos son eternos", explica sonriendo mientras nos enseña algunos.

Silla vaquera bordada en piel de gato.

Huelen a cuero bien curtido, da gusto estar allí dentro. Entre los materiales que utilizan, pieles de curtición vegetal y origen nacional: cuello de vaquetilla, vaqueta flor, desfaldado o cuero sillero, crupón, ternera engrasada y becerro, cabra, oveja (zaleas), badana... Emplean hilo de lino, aunque para artículos de mucho trote prefieren el nailon encerado. También hacen botos, bolsos, cinturones, polainas bordadas a mano, repujados, grabados... Ahora se emplea en una guarnición calesera para cinco caballos totalmente repujada y bordada a mano. El diseño es ortodoxo, como manda la tradición, pero "hemos tenido el atrevimiento de innovar con unas cenefas repujadas de hojas de acanto, y sobre este repujado de gran relieve, bordeamos las mismas hojas y nerviones con costuras de bordado. Los herrajes son de latón amarillo pulidos a mano; la piel, de novillo de primera calidad, en color natural con un leve sombreado sobre los repujados... Esta guarnición nos lleva todo un año de labor entre dos personas", explica.

Detalle de la silla vaquera bordada en piel de gato. Una de las tantas que hace este maestro de la silla de montar.

Trabajan por encargo casi exclusivamente, tanto para particulares como para empresas. El cliente transmite sus gustos y necesidades, y Bolaños se encarga de transformar esas ideas en realidad. Sus obras llegan hasta Emiratos Árabes, Francia, Alemania, Reino Unido, EEUU, Canadá, Japón, México... A este último país, precisamente, marchó uno de sus trabajos más logrados. "Una silla vaquera avellana, calada y bordada en piel de gato", cuenta el artesano roteño. "Significó mucho para nosotros, ya que fuimos seleccionados, entre todos los guarnicioneros de España, para representar a nuestro país en la última exposición de Arte Popular Iberoamericano. Un día una mujer entró al taller a interesarse por lo que hacíamos. Cuando se iba a marchar, pudo apreciar, escondida entre unas leznas invadidas por el polvo, una fotografía antigua de una silla vaquera de esas características: calada y bordada en piel de gato. Limpié la foto para que la pudiese ver mejor y me preguntó por esa técnica tan laboriosa, precio y tiempo de elaboración. Todo pareció quedar en mera curiosidad, pero al cabo de unas semanas, recibimos una llamada telefónica de aquella mujer. Se llamaba Lupe Tena y había sido designada por el área cultural del Banco Nacional de México para seleccionar piezas artesanas que reflejaran la tradición de nuestro país. Nos quedamos perplejos. Y nos encargó una silla que hoy forma parte de esa colección, Arte Popular Iberoamericano, y que viaja año tras año por museos y salas de exposiciones de todo el mundo. Costó 6.000 euros, pero fue un regalo. Su precio normal es de 12.000 euros".

Recalca el plural, el "nosotros", porque tiene en gran estima a José Manuel, su colaborador. La complicidad entre ambos es asombrosa. El joven lo está aprendiendo todo para continuar con el taller cuando a Bolaños le falten las fuerzas. Aunque observando la destreza con que aún se mueven las manos del maestro, a la vista está que aún queda tiempo para eso.

Secretos de limpieza

Para tener una montura bien cuidada, Ramón Bolaños da una serie de recomendaciones. Lo primero y más importante es preservarla de la humedad. Por eso es fundamental secar el sudor del caballo lo antes posible. Cada cierto tiempo, además, dependerá del uso que se le dé, hay que limpiarla con jabón líquido de glicerina, para terminar frotándola con un poco de bálsamo o de grasa. Tratar estos artículos con agua jabonosa con un poquito de alcohol permite dejar el poro abierto. Luego se deben ventilar en un lugar donde no les dé la luz del sol directamente, y al día siguiente se procede a darles una manita con bálsamo hidratante de lanolina o, en su defecto, con grasa animal. Se prefiere el primero, no obstante, porque no deja residuos.

Fuente: https://www.expansion.com/fueradeserie/cultura/2016/07/25/577a22a922601db7098b45a3.html

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